Hace unas semanas comenzó a circular el rumor de que el Consejo de Fútbol encabezado por Juan Román Riquelme estaba empezando a ojear posibles reemplazantes para el DT Miguel Angel Russo. Y más allá de ser sólo versiones, llamó la atención uno de los nombres de la lista: Martín Palermo.

Dos glorias del club xeneize, con muchísimo peso y con una relación muy particular entre ellos. Pocas duplas se entendieron y se complementaron tan bien futbolísticamente, pero fuera de la cancha no tenían ningún tipo de relación pese a su conexión impresionante en el juego. A veces ni siquiera festejaban juntos los goles, o al punto que Riquelme, quien le hizo hacer cientos de goles a Palermo, no estuvo invitado a su despedida.

Más allá de que sabemos que en el fútbol las decisiones son altamente políticas y estratégicas, a partir de estos rumores me sirvo de este ejemplo, uno de los más paradigmáticos si se quiere, para hablar sobre el concepto de cohesión, en relación a los equipos.

En términos generales, la cohesión se define como “la tendencia grupal de mantenerse juntos y permanecer unidos en la persecución de sus metas y objetivos” (Carron). Pero fundamentalmente, podemos distinguir dos tipos de cohesión: por un lado tenemos la cohesión de tarea, que marca el grado en que los miembros de un grupo u equipo trabajan e interactúan juntos para alcanzar objetivos comunes que tienen que ver con la tarea, como sería jugar al fútbol por ejemplo.
Por otro lado nos encontramos con la cohesión grupal, que nos habla del compañerismo que hay dentro del grupo. No es en relación a la tarea sino como se dan las relaciones personales en un equipo, a nivel amistad por ejemplo.

Y entre estas dos cohesiones, hay una suerte de mito o creencia: que cuando los jugadores se llevan bien entre sí, rinden bien, y cuando se llevan mal entre sí, rinden mal. Que los grupos unidos obtienen mejores resultados. Sí hay una relación entre la cohesión de tarea y la obtención de resultados, pero no existe investigación alguna que compruebe que la cohesión social, el “llevarse bien” sea la causante o siquiera influya en los buenos resultados. La cohesión social puede influir en la cohesión de tarea, es decir, en un grupo totalmente dividido es difícil que “todos tiren para el mismo lado”, pero eso no significa que la cohesión social afecte directamente en el resultado. Un caso para pensar y hacerse preguntas es el de San Lorenzo y los hermanos Romero.

Para cerrar, y volviendo al primer ejemplo, veamos una entrevista que le hicieron a Palermo sobre su relación con Riquelme, donde se ejemplifica de manera bastante clara lo explicado anteriormente:
“No era una fábula, teníamos diferentes formas de ser. Quizá no éramos compatibles, nunca pudimos tener una amistad, nunca pudimos congeniar fuera de una cancha. Pero sí teníamos las mismas ideas dentro de la cancha, que eran las suficientes para que el hincha de Boca se sintiera identificado con nosotros. Y nosotros fuimos inteligentes para entender que llevábamos la camiseta de Boca y debíamos representarla de la mejor manera. Porque no pensáramos parecido, eso no podía impactar en el rendimiento del equipo. Nunca llegamos a ese extremo. Nunca nadie pudo decir: ‘Boca está jugando un desastre y la culpa la tienen Palermo y Riquelme porque se están peleando como dos nenes’. Nunca se llegó a eso. Nunca se vio reflejado en el equipo, siempre lo pudimos llevar de la mejor manera.”

Foto Destacada: Ole.com.ar

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