Mucho más que un resultado

Esta semana, tanto River como Boca quedaron eliminados de la Copa Libertadores. Pero las impresiones que dejaron cada uno fueron muy distintas.

Mientras que en el ambiente riverplatense reinaban el orgullo y la identificación al desempeño del equipo, incluso rogando que el técnico eliminado prolongue su paso por el club, en Boca predominaban la frustración, los cuestionamientos y la inminente sensación de que algo debe cambiar.

Ninguno logró pasar de fase, eliminados quedaron los dos. Y sabemos también que ambos quedaron entre los cuatro mejores equipos de América, ¿por qué tanta diferencia entonces? ¿es una cuestión de resultados o una cuestión de objetivos? ¿es el resultado el único objetivo que persigue o debe perseguir un equipo en una competencia?

Son varias las condiciones que separan a un grupo de personas de un equipo. Una de esas es el poder sostener objetivos comunes, compartidos, e interactuar en pos de poder conseguirlos. Y en el deporte muchas veces vemos que existen objetivos de resultado y objetivos de rendimiento. Los objetivos de resultado tienen que ver con la consecución de un logro deportivo, sin importar tanto el cómo se lo obtiene. Podría ser ganar un partido, salir campeones, ascender, etc. En cambio, cuando hablamos de objetivos de rendimiento lo que se prioriza es un “cómo”, remiten a la destreza, a la ejecución… por ejemplo un objetivo de rendimiento que se plantee un equipo podría ser jugar al achique.

Esta diferencia de objetivos es fundamental, y produce efectos muy importantes en lo que hace a la psicología del jugador de fútbol, en lo que hace a la conducta del deportista en competencia.

En primer lugar, porque el resultado es una variable que un equipo no puede controlar en su totalidad: su accionar no es lo único que va a influir en el resultado porque también hay un rival, y hay todo tipo de situaciones que pueden interferir. Por ejemplo hemos visto en la actualidad el protagonismo que está tomando el VAR. Entonces, uno no puede entrenarse para ganar, no resulta directamente un objetivo viable porque termina escapando a nuestro control. Sí podemos entrenar ciertos objetivos de rendimiento que nos acerquen a objetivos de resultado, es decir, entrenar para desempeñarse de cierta manera, para focalizarse en sostener un estilo de juego a pesar de las situaciones y las adversidades que se presenten (siempre dando lugar a flexibilizar los planteos en función del desarrollo del partido, claro).

Pero cuando un equipo persigue solamente objetivos de resultado, y ese resultado de repente cae (los rivales meten un gol por ejemplo) es mucho más difícil en lo que hace a la motivación y a la concentración para revertir esa situación, que si el equipo tiene objetivos de rendimiento que sabe que puede cumplir a pesar de encontrarse con un resultado desfavorable.

Si el éxito se define en términos de ganar, se juega indefectiblemente con el peso de su contracara, que es perder y a la vez fracasar, y con las consecuencias negativas que podría tener esa no obtención del resultado. Entonces muchos jugadores terminan intentando evitar el fracaso en lugar de buscar el éxito (también podemos pensar esto en relación a los jugadores de Palmeiras por ejemplo).

Para cerrar la idea, dejó unos tuits de varios años ya del DT del Millonario, Marcelo Gallardo, que nos ilustran un poco estas ideas:

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