Los valores en las etapas formativas

Esta semana trascendieron en las redes sociales una serie de medidas disciplinarias dispuestas por el entrenador Jerson González en las categorías formativas del América de Cali. Estas van desde cumplimiento de horarios, hasta prohibiciones a nivel del peinado o accesorios estéticos. A lo último del reglamento, una suerte de fundamentación de las mismas reza: “La disciplina es la clave del éxito. Antes de ser futbolista hay que ser persona”. Este comunicado despertó un gran debate en torno a la disciplina, el éxito y el libre desarrollo de los jugadores, por lo cual me pareció interesante para pensar algunas cuestiones.

Hablamos mucho de lo fundamental que la disciplina para poder consolidar una carrera profesional en el mundo del deporte, pero ¿es lo único? ¿es lo más importante? ¿qué pasa cuando se hace un hincapié excesivo en la disciplina, sobre todo en las etapas formativas?

En primer lugar, no existe prueba alguna de que medidas disciplinarias -y discriminatorias- de este tipo afecten el rendimiento de ningún jugador, mucho menos que lo conviertan en mejor persona. Cabe hasta una discusión de corte filosófico sobre qué sería para esta comisión directiva un buen jugador, una buena persona. ¿Es acaso un jugador en serie, un jugador máquina, que solo responde a normativas incluso cuando atenten contra el desarrollo de su personalidad?

Lo sucedido en el equipo colombiano es tan solo un ejemplo, de algo que ocurre casi en su totalidad en el deporte formativo: jugadores a los que se los presiona de distintas maneras hasta que en algún momento explotan, y no les brindan herramientas integrales para poder ver más allá del objetivo profesional.  Son muchísimos los casos de depresiones, adicciones, problemas de salud mental e incluso suicidios de deportistas que no tuvieron educadores que les hayan dicho que el deporte no lo era todo.

Sobre todo en la infancia y juventud es crucial no olvidarse del componente lúdico del deporte. La práctica deportiva DEBE estar ligada al disfrute. Los padres, técnicos, educadores y formadores que desconocen esto no toman conciencia del impacto que producen a nivel salud mental. ¿O acaso los chicos juegan por plata? Otro caso que despertó polémica esta semana fue el contrato que firmó Nike con Kauan Basile, jugador del Santos, que tiene… 8 años. Es el más joven de la historia en contar con patrocinio. ¿Tiene un niño la capacidad psicológicamente para cargar con un contrato? ¿Qué sabemos de la suerte que luego corren los jugadores que llevan estas mochilas a cuestas? Sin mencionar la cantidad de casos donde la carrera del niño es la única posibilidad de salvar a su familia.

Foto: @SantosFC

Un ejemplo en el que podríamos detenernos a pensar es el del tenista Guido Pella, quien siendo número 24 del mundo declaró: «No sé si me gusta jugar al tenis. Aun con 29 años, no sé si es lo que a mí me gusta hacer. Lo hago porque lo hago bien y porque me permite vivir de esto, entonces imagínate yo entrenando a los 14 años, en una pensión, sin que me guste el tenis, solo en Buenos Aires, sin sentir que era lo mío. De un día para el otro me dijeron que tenía que irme a Buenos Aires, (…) y vine solo a la ciudad, a una pensión en Caballito. Yo decía ‘¿Qué hago acá?’, la gente era hostil, era todo atolondrado. Fue durísimo. Me acuerdo que lloré las primeras tres semanas, todos los días».

Con tan sólo 14 años, el tenista debió dejar su vida en su ciudad natal, Bahía Blanca, para poder dedicarse al tenis: «Perdí amigos, perdí esa edad entera. No sé lo que es sentarse a comer con amigos o si estoy con un grupo grande de gente, me siento incómodo». Otro tipo de caso quizás de una violencia más explícita es el de Ezequiel Unsain, arquero de Defensa y Justicia, quien declaró en una entrevista que siendo chico, su padre lo obligaba a realizar ejercicios de arquero armándole los arcos con bosta de caballo, para cuando se tire por la pelota caiga sobre la misma. Los medios lo tomaron como algo anecdótico, cuasi cómico, cuando en realidad es una actitud grave, que pasa un poco desapercibida porque habría “funcionado”:

Ezequiel finalmente llegó a primera y se desempeña exitosamente como arquero. Pero ¿cuántos Ezequieles pasan por situaciones disciplinarias extremas y no nos enteramos porque no trascienden? O ¿cuántos formadores tomarán como ejemplos “exitosos” estos casos donde la disciplina dio sus frutos más allá del sufrimiento, y lo reproducirán? Logrando que el deporte termine vinculado a algo del orden de lo traumático, cuando en realidad debiera ser algo placentero para un niño.

En este debate sobre el éxito, la disciplina, y el disfrute, hay un eje fundamental que es el de los valores que circulan y que se transmiten, y sobre todo en estas etapas de iniciación, si bien no serán estrictamente determinantes serán de gran impacto sobre lo que después esos niños y niñas logren y hagan con sus carreras y sus vidas.

Para concluir me parece interesante incluir una frase del jugador de fútbol que actualmente cuenta con más títulos en la historia de dicho deporte, Dani Alves: “Solo somos niños jugando bajo la lluvia, hombre. Si sale mal, ¿y qué? ¿Este es el fin del mundo? Nada hombre. Vamos a buscar otro lugar para jugar. Sólo es un partido de fútbol, hay que disfrutar la vida”.

Foto Destacada: Pinterest

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