Todo deporte es político

Escribo estas líneas en un día particular: hoy se trata en el Senado el Proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. ¿Y todo esto qué tiene que ver con el deporte?

Nos acostumbramos durante muchos años, a querer separar el binomio política-deporte. A que los deportistas destacados o de alto rendimiento no opinasen públicamente respecto a los acontecimientos sociales, que se enfoquen solamente en entrenar, ganar, rendir. Debatimos incansablemente si debemos separar la vida privada del deportista de sus éxitos y vida profesional. Pero, ¿es realmente posible?

Y es que ni siquiera estamos hablando sólo de deporte y política, sino de todas las circunstancias que rodean a los hechos deportivos, sean sociales, culturales, de género, de clase, étnicas  o económicas. Creer que estas cuestiones no influyen en el deporte y el deporte no influye sobre estas cuestiones es meramente ilusorio.

Foto: Revista con efecto

Como hito en esta relación deporte-política, podemos trasladarnos a 1936, Berlín. Adolf Hitler pretende utilizar los Juegos Olímpicos para promocionar el nazismo, pero un joven estadounidense y afroamericano llamado Jesse Owens, lo ridiculiza al ganar cuatro medallas de oro, coronándose por encima de los atletas arios alemanes.

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84 años después, mismo continente, distinto escenario: en el Parque de los Príncipes, Paris Saint German y Estambul Basaksehir se juegan la clasificación para los octavos de final de la Champions League. Un comentario racista del cuarto árbitro, desencadena la interrupción del encuentro después de que los futbolistas de ambos equipos resolvieran abandonar el campo en señal de protesta. Un incidente sin precedentes donde dos equipos se unen para protestar contra un árbitro por racismo.

En el caso de nuestro país, podemos nombrar y analizar tantísimos fenómenos donde lo político-social desborda lo deportivo: suicidios en pensiones deportivas, asesinatos en manada por miembros de un equipo, jugadores de selección sancionados por tuits repudiables, jugadores de planteles profesionales con denuncias por violencia de género… por mencionar sólo algunos ejemplos.

En un contexto donde hasta el año pasado el fútbol argentino consideraba el embarazo de una jugadora como una simple lesión, sin poder tomarse licencia con goce de sueldo ni tener garantía de poder retomar su trabajo, donde ser madre significa para muchas el final de una carrera, no podemos desconocer a la lucha feminista como un pilar central en la conquista y lucha por los derechos deportivos.

 “El aborto tiene mucho que ver con las mujeres en el deporte. El disciplinamiento del cuerpo de las mujeres es lo que muchas veces nos aleja del deporte. ¿Para qué sirve el cuerpo de las mujeres? ¿Para el deleite sexual y visual de los hombres, para procrear, para ser cuidadoras? ¿O con nuestros cuerpos también podemos jugar, correr, transpirar, abrazarnos con otras y con otros? La negación del derecho al aborto es decir que el cuerpo a la mujer no le pertenece, sino que es de la sociedad, que lo usa para reproducirse» (Angela Lerena, periodista deportiva).

Uno de los desafíos de quienes pensamos al deporte desde las ciencias sociales radica en sostener una mirada atenta, que no reduzca lo deportivo a cuestiones meramente tácticas técnicas y físicas, que sea sensible a las contradicciones de lo social.

Es importante seguir reclamando al Estado un rol activo, a través de sus diferentes organismos, donde los deportes sean cada vez más incluidos mediante el diálogo, la participación y la visibilización, en la posibilidad de construir un relato legítimo sobre nuestra sociedad, nuestras desigualdades y nuestras reivindicaciones de derechos.

Foto Destacada: Ole.com.ar

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